Educación en el Hogar

Clases en línea: el recuento de los daños

Ayer fue el último día de clases a distancia de la peque: terminó oficialmente su primer grado de primaria. Ahora estamos a la espera de que nos digan si los niños regresan a clases de forma presencial o si la modalidad en línea continuará por más tiempo. Y en ese sentido me pregunto ¿qué nos enseñó esta forma de llevar la escuela? ¿qué aspectos se pueden rescatar de este experimento y cuáles habrá que mejorar?

Sé que las circunstancias de cada familia son muy distintas, que cada niño es único, que cada escuela se adaptó de la mejor forma que pudo y cada una ofreció una solución particular. Yo voy a hablar de lo que yo viví y qué es lo que esta temporada me ha dejado.

Las primeras semanas a partir de la suspensión de clases, las maestras de mi hija nos mandaron actividades imprimibles para cada día y me impresionó la buena planeación que hicieron y lo bien explicadas que estaban las actividades. Como se imaginarán yo estaba encantada teniendo la oportunidad de repasar temas académicos con mi hija porque disfruto mucho esos momentos y me encantó poder darle atención personalizada y a su ritmo sobre los temas que me indicaban en su escuela. Pero con la peque todo el día y todos los días en casa, yo sin poder escaparme a trabajar a otro lado, me costó mucho concentrarme y avanzar en mis propios pendientes.

Después de las vacaciones de semana santa comenzaron las clases en línea en forma. En la escuela de mi hija le dieron clases de lunes a viernes a partir de las 9 am, 2 bloques de 45 minutos de español y 2 bloques de inglés, espaciados por descansos de 15 minutos. El primer día mi hija ni siquiera quiso continuar con la clase y me pidió que viéramos los temas nosotras, le ponía muy nerviosa el ir al ritmo de los demás. No sé bien por qué le causaba tanto conflicto tener la clase a través de una pantalla, pero no le gustaba. Entonces ese día nos desconectamos y lo hicimos nosotras, pero hablé con ella para que lo intentara sin preocuparse ni estresarse. Y poco a poco se fue adaptando.

Hubo días muy buenos, en especial al principio, en los cuales mi hija estaba muy metida en la clase, aprendiendo, aprovechando y disfrutando, pero poco a poco fueron más los días en los que se aburría y no ponía atención, no participaba, no sabía ni en qué página iban y cuando escribía lo hacía sin ninguna intención de que se entendiera.

Además de sus clases normales, tomó (y sigue tomando) su clase de música un día a la semana por la tarde. Cuando las tenía presenciales hacía varias actividades diferentes y usaba un teclado que estaba en la academia. Aquí en casa no teníamos uno, así que cuando empezó la modalidad a distancia, la clase fue más sobre teoría y ritmos. Al principio, igual, mi hija interesada y avanzando, pero después le costaba ya mucho trabajo aguantar la hora completa. Fue cuando me decidí a comprar el teclado y su actitud cambió por completo. Se emociona al aprender algo nuevo e ir mejorando. Pone atención y se involucra en la clase. El aprendizaje “hands-on” es ideal para muchos niños. Necesitan hacerlo, tocar, intentar y jugar para aprender.

Ahora, después de más de tres meses de estar a un lado de mi hija durante sus clases a distancia quiero compartir algunos puntos a tomar en consideración para el futuro:

Lo bueno de la escuela a distancia:

  1. El gran esfuerzo de los maestros: la planeación, la preparación, la adaptación, la paciencia y excelente disposición. ¡Muchas gracias a todas y todos los docentes que nos apoyaron en este camino!
  2. Libertad de movimiento: si un niño terminó el trabajo un poco antes que sus compañeros, puede pararse y ponerse a jugar con algún juguete o simplemente a estirar las piernas. Puede realizar el trabajo parado o sentado y puede, si el dispositivo se lo permite, moverse al lugar de la casa que mejor le acomode: el escritorio de su cuarto, la mesa del comedor, el jardín o el piso de la sala. Esto es un enorme beneficio para los niños y algo que se debe considerar para que se integre en las escuelas presenciales y en cualquier proceso de enseñanza.
  3. Respetar necesidades fisiológicas: Los niños pueden ir al baño, comer un snack o tomar agua cuando así lo necesiten. Cosa que a veces en algunas escuelas se le da muchísima atención a que los niños no hagan esas cosas, en casa esto es de lo más normal. Me parece genial que la instrucción académica se centre en eso y no en controlar los horarios fisiológicos de los alumnos.
  4. Involucramiento de los padres: Dentro de las posibilidades de cada quien, los padres nos pudimos involucrar muchísimo más. Pudimos escuchar cómo se expresan las maestras, cómo dan los temas, cómo nuestros hijos aprenden o no aprenden un tema. Ver cómo enfrentan los retos, sus áreas fuertes y sus áreas de oportunidad. Pudimos saber qué y cómo se les enseña a los niños cada tema e incluso meter nuestra cuchara y adaptar la instrucción a nuestros hijos y nuestra familia. La idea de llevar a tus hijos 6 o más horas a la escuela y esperar que te lo regresen con todos los aprendizajes y competencias necesarias, siempre me ha parecido una locura. Este tiempo pude corroborar la importancia de que los padres estemos involucrados al 100% y no sólo nos enteremos de lo que pasa en la escuela por lo poco que nos cuentan nuestros hijos, por las calificaciones y en los festivales.

Lo malo de la escuela a distancia:

  1. Poco seguimiento: Encuentro super difícil manejar un grupo de 15 o 20 niños a través de una pantalla. A pesar de que los padres y madres podamos estar a un lado de nuestros hijos, el ritmo de la clase es dado por la maestra, la cual no está completamente al tanto de lo que está pasando del otro lado de la pantalla.
  2. Poca variedad de técnicas y herramientas: La verdad sentí que, entre otras cosas, uno de los objetivos en estos meses fue el de llenar los libros. Y no importaba si los niños aprendían, entendían o siquiera si el tema era realmente útil. Cada niño es diferente, y si en la escuela presencial es prácticamente imposible adaptar la educación a cada uno, en esta nueva modalidad lo es más aún. Vi a unos cuantos niños realmente involucrados en todo momento. Niños interesados y participativos pero muchos otros niños perdidos que no sabían ni qué pasaba, otros que nada más estaban esperando el momento de irse, otros que nada más copiaban pero que no reflexionaban y por lo tanto no había aprendizaje.

Lo feo de la escuela a distancia:

  1. El estrés en el hogar: Leí a muchas mamás estresadas por las clases, escuché varias por el micrófono accidentalmente encendido, regañando a los niños para que pongan atención, trabajen, lo hagan bien, participen y respondan. Es completamente entendible porque es algo completamente nuevo para la mayoría de las mamás y como dije: estamos ahí como apoyo, pero al final las decisiones respecto al ritmo, objetivos, temas, herramientas y todo no las tomamos nosotras, entonces es adaptarse a lo que la escuela está brindando y solicitando sin dejar de lado las actividades normales en el hogar y el trabajo de cada quien. Esto produce estrés, nervios, ansiedad, preocupaciones que se lanzan a los niños y obviamente obstaculizan el aprendizaje.
  2. La falta de socialización: Ayer que mi hija terminó su año escolar, le pregunté qué era lo que sí le había gustado y lo que no le había gustado de sus clases a distancia y lo que me dijo que no le gustaba era que no podía platicar con sus compañeros y que los recreos (los descansos de 15 minutos) eran muy cortos XD así que, volvemos a darnos cuenta de que los niños lo que más necesitan es juego. Juego libre y con otros niños (porque los adultos, aunque lo intentemos no les podemos seguir el paso). Es el recreo la parte más importante de la escuela y la más olvidada por los adultos. Desde hace muchos años sé que la escuela no es necesaria para que un niño socialice, pero en esta pandemia no es sólo la escuela la única oportunidad que se les cerró sino los parques, las reuniones en casas, los eventos, y un sin fin de cosas. Así que fue eso lo que muchos de niños extrañaron más.

Al día de hoy nadie está seguro de si el regreso a clases en agosto vaya a ser en efecto presencial (y si es presencial, ¿qué medidas de seguridad se tomarán para que la experiencia y el aprendizaje de los niños no se vea negativamente afectado?) y muchos padres están considerando el homeschooling o la contratación de maestros privados para sus hijos. Pero creo que este ejercicio experimental que hicimos estos meses con la educación de los niños nos debe de enseñar algo a papás, maestros y directivos para que el próximo ciclo, sea cual sea la modalidad que llevemos, comencemos a respetar más las particularidades de cada niño y las necesidades humanas y naturales que tienen y que empecemos a entender a la escuela como una herramienta, a los maestros como apoyo, a los padres como los verdaderos guías de nuestros hijos y a los niños como el verdadero centro del proceso de aprendizaje.

Cuéntame cómo te fue a ti con las clases en línea, qué fue lo que te funcionó y lo que no. Dale me gusta y comparte con tus amigas y familia.

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1 comentario en “Clases en línea: el recuento de los daños”

  1. Felicidades a la peque, a ti y a los maestros. Todos han hecho un esfuerzo y trabajo excelente. Me encantó el post. Coincido contigo! Esta temporada fue difícil en muchos sentidos, pero también disfrutable en otros jaja y definitivamente debemos mejorar nuestras perspectivas en cuanto a la educación de los niños ❤️

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