Dormir sin lágrimas. Parte 1

A los 3 meses mi Clari ya dormía 12 horas seguidas. De 9 de la noche a 9 de la mañana. En su cuna desde el mes, y casi siempre se dormía súper rápido. Obviamente yo era la mujer más feliz y orgullosa, tanto de mi pequeña como de mi atinada rutina nocturna, que consistía únicamente en bañarla y darle pecho, o un biberón cuando dejamos el pecho. Y cuando leía o escuchaba que algunos niños de 2 años aún no duermen toda la noche me decía “uff, que bueno que no me tocó así”  con un sentimiento parecido a “mi bebé es muy avanzada en ese sentido, díganle ese consejo a otra persona”. Pero oh, oh, oh, sorpresa. Duró así como hasta hace 3 meses cuando me empezó a costar más y más trabajo dormirla, y ahora tiene 1 año 4 meses y nada que se duerme sola en su cuarto 12 horas seguidas. Ni se me ocurra ponerla en su cuna porque hace un berrinche de aquellos y se despierta como 2 o 3 veces en la noche, a veces sólo poquito, pero a veces no.

La primera vez que durmió en su cuarto.

La primera vez que durmió en su cuarto.

Una vez una pediatra me recomendó el libro de ese tal Estivill “Duérmete, niño”. Antes de comprarlo me puse a investigar en internet de qué trataba y encontré una muestra de las primeras páginas. No lo compré. De por sí desde que estaba embarazada había leído sobre ese tipo de métodos para “enseñar” a dormir y no me parecían tan adecuados ni respetuosos y cuando leí la forma en que habla el Dr. Estivill de los niños y las diversas críticas a este método busqué otra alternativa y encontré varias recomendaciones del libro de Rosa Jové “Dormir sin lágrimas”. Tampoco lo compré en ese momento porque como ya dije, mi hermosa dormía de lo mejor, así que no me pareció necesario.

Pero con esto que les cuento de sus berrinches para irse a dormir, resulta que mejor la pasé a mi cama, y se durmió bien. Pero un día que vino su papá hizo una mega rabieta que acabó durmiéndose como a la 1, aún cuando yo la pasaba para mi cama, la arrullaba y hacía de todo. Total que su papá me dio una regañada porque según ya la había malcriado, que ella no era así y yo por alcahueta había provocado eso, que ella ya me había tomado la medida y que necesitaba disciplina. Me saqué mucho de onda y me preocupé mucho porque según yo no estaba siendo alcahueta ni la estaba malcriando, pero es que ese llanto de locura era fuera de lo normal y de lo sano para todos (a esa hora todos queremos dormir), aunque si no hubiera estado su papá yo sólo hubiera dicho “uff, ahora sí me costó trabajo” y hubiera seguido mi vida, pero todo lo que me dijo me llenó de temor de estarlo haciendo mal. ¿Era verdad que yo no le ponía límites ni le estaba enseñando la disciplina que ya era hora de que aprendiera? Hablaré de esto de la disciplina un poco más en otro post, pero lo que pasó con esta situación fue que la niña sigue durmiendo conmigo, y ya no volvió a hacer ese tipo de rabietas tan intensas pero lo que sí es que hace de todo para no irse a dormir cuando llega la hora y no sólo no se duerme en su cuna sino que no se duerme en ningún lado si yo no estoy ahí. Así que ahora me acuesto con ella en mi cama a su hora de dormir y espero a que se duerma, va una semana que de hecho me vence el sueño y me quedo dormida con ella entre 9 y 10 de la noche.

En la mañana, cupando toda mi cama

Hace casi 2 meses en la mañana, ocupando toda mi cama.

Entre todo esto compré el libro de Rosa Jové y me ha parecido buenísimo. En los primeros 3 capítulos Jové te da una introducción al sueño en general y en cada etapa, lo que es normal y lo que no respecto al sueño de un niño y por qué estas dos se confunden:

– Dormir es un proceso evolutivo que se va adaptando a las necesidades del ser humano. Un bebé, un adulto y un anciano dormirán de diferente manera según sean sus necesidades.

– Los bebés saben dormir, por lo que no se les puede enseñar.

– Las fases del sueño de un bebé son diferentes a las de un adulto, las cuales aparecen al rededor de los 9 meses, pero aún no son iguales en periodicidad y duración. Es hasta los 6 años mas o menos donde es más parecido: un único periodo nocturno de 8-10 horas.

– Adultos y niños tenemos despertares nocturnos pero los bebés no conocen la técnica de volverse a dormir, pero lo harán algún día por ellos mismos.

– Algo que me llamó mucho la atención es que la autora menciona que eso de 8 horas nocturnas es cultural. Hay culturas donde en invierno duermen 14 horas y en verano como 6, dependiendo del sol. Y otras en África donde no existe el concepto del insomnio porque ellos no tienen que ir a trabajar a las 6 de la mañana y no les causa problema despertarse a las 2 de la mañana a platicar entre ellos y luego volverse a dormir. No tienen ese estrés que nosotros tenemos. Eso hay que tomarlo en cuenta porque los bebés no tienen por qué estar acostumbrados a nuestra cultura aún.

– Explica también que a la justa edad de mi hija además de que se suele dar lo que se llama ansiedad de separación, que es cuando el niño se da cuenta de que es un ser diferente de su madre y que sin ella tiene muchas necesidades e incluso puede correr peligro por lo que no le gusta que ella se vaya; a esa edad también se dan cuenta de que por la noche hay un periodo largo donde se quedan solos, por lo que no les gusta irse a dormir y lo tratan de evitar a toda costa.

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– Hay que desconfiar de métodos que sirven para todo y no aplicar el de “dejar llorar”, y mucho menos antes de asegurarse que no se puede “arreglar” de otra manera, porque además puede ser que el niño tenga alguna afección en serio que se oculte por este método.

– Los errores de diagnóstico se dan principalmente por: un error en la interpretación del comportamiento del bebé, falta de información, falta de sincronía entre los horarios de los padres y el bebé, y por hacer de lo normal un problema. Hay que informarse bien antes de decir que nuestro hijo duerme mal y entender que muchas veces es nuestro deseo de que el niño duerma según nuestra conveniencia lo que genera conflicto. Hay que ponerse también en los zapatos del niño.

– Al parecer los seres humanos tenemos un ciclo diario de 25 horas, no de 24, y esto es más evidente en los niños pequeños.

– Las disomnias son alteraciones en la cantidad y calidad del sueño. La mayoría de las quejas de los padres se centran en este tema. Algo importante es que aunque a veces pueda parecer que dormimos poco según las reglas, lo importante es que durante el día nos sintamos descansados y aptos para nuestras actividades.

– Las parasomnias son conductas anormales durante el sueño como andar o hablar dormido, pesadillas o terrores nocturnos (cuando se despiertan gritando asustados y no reconocen a nadie), entre otras. En los niños suelen mejorar si se acuestan con poco cansancio y poca ansiedad, por lo que se recomienda seguir un horario prudente, intentar que estén relajados durante el día y hacerles compañía o dormir con ellos.

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“Dormir sin lágrimas” me parece un libro respetuoso con el niño y con la naturaleza y por eso me ha gustado, en otro post les compartiré lo más importante para mí de los otros dos capítulos, pero en el libro vienen tablas comparativas, ejemplos de casos y varias cosillas que es muy bueno leer. Yo lo compré digital para que me saliera más económico, sólo $127 en Gandhi, y en Amazon está más barato. Se los recomiendo mucho a todas las mamás tanto de bebés como de niños más grandecitos. Me hizo sentir mucho más segura de lo que mi instinto de mamá decía y mucho más tranquila respecto al proceso de maduración del sueño de mi Clari.

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