¿De qué está hecho un matrimonio?

Hace como dos días hablé con una amiga muy querida, Miriam, que ya tiene más de 20 años de casada. Ella no ha leído mi blog ni yo le conté nada sobre mi entrada anterior, y me contó la historia de cuando, totalmente enamorada, se fue a vivir con su actual esposo. Ya me la había contado un par de veces antes, pero ahora me la contó de forma diferente. Expresó el dolor que sentía al verse completamente sola con ese hombre que la maltrataba. Y cómo tuvo que agarrarse los pantalones porque no tenía otro lugar a donde ir, porque ella había tomado una decisión y debía mantenerla, porque le pesaba lo que la sociedad dijera, porque lo quería y porque apostó a que él cambiaría algún día. Yo conozco a su esposo y sí cambió.

Me dio mucho gusto escuchar a Miriam cuando me dijo: “Y es que nadie te dice nada, todos se quedan callados sólo esperando a ver qué haces, para después juzgarte. Tal vez si alguien me hubiera brindado ayuda, lo hubiera podido resolver de mejor manera”. Porque quiere decir que no estoy tan loca. No soy la única que piensa eso.

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Conozco muchos casos parecidos de amigas y familiares. Varían en nivel de maltrato, mentiras, infidelidad, adicciones y desinterés, pero es la misma sensación de desvalorización, desilusión y soledad. Pero entre todos esos casos que conozco, no hay ningún divorcio, y todas me lo contaron cuando la situación ya estaba, por así decirlo, bajo control.

Por ejemplo, una tía me dijo una vez que al principio de su matrimonio ella lloraba y lloraba, porque su marido se había vuelto hosco y frío a partir de la boda, pero un día entendió que no debía tratar de que él la comprendiera, sino ella comprenderlo a él. Y entonces fue feliz. Y en serio que esta mujer es la persona más comprensiva del planeta. Demasiado, yo diría. No digo que debió haberse separado, creo que eligió a un buen hombre que ahora, como el esposo de Miriam, también ha cambiado para bien, pero al final como Miriam, aguantó vara sola, como si el otro fuera un obstáculo para ser feliz que se logró superar, y en los dos casos el hombre hizo lo propio al verse solo también. Y ambas parejas van hoy en día de aquí para allá siempre acompañándose.

Este tipo de historias y la mía propia me hacen pensar: ¿Por qué? ¿Para qué? ¿Cómo? Así que primero voy a establecer qué es el matrimonio, al menos para mí.

El matrimonio es unión espiritual. Comunión. Un vínculo profundo. Pues bien lo dice la Biblia: la mujer y el hombre serán una sola carne.  Es como el juego de “Doña Blanca” donde te agarrabas de las manos y cuando te preguntaban de qué era el pilar (representado por tu mano y la del otro unidas con toda su fuerza) tu decías muy seguro: “de diamante, chicle y mocos”, y te preparabas para el trancazo.

Si no existe esta unión espiritual no se está casado. Punto. No se está casado por decir que lo estás. Ni por tener hijos siquiera. Ni estás divorciado sólo porque firmas un segundo papel y te separas de tu pareja. Todo esto ocurre en un plano espiritual. De hecho, si eres un amigo cercano me habrás escuchado decir en el pasado algo así como “Si te casas no puedes divorciarte. Eso no existe”. Y en efecto, la Biblia advierte “lo que Dios unió, que no lo separe el hombre”. Pero eso no quiere decir que esa unión no pueda romperse, ni que, si sigue existiendo, la pareja deba seguir físicamente pegada. Si bien dice la Biblia que los novios dejarán a su padre y a su madre para unirse, esto a mi parecer es más bien para consolidar un matrimonio. Yo de lo que hablo es de eso que une a un matrimonio, eso que hace que no se separen. Y esta unión no se genera de un día para otro si no que se va formando cada día desde el momento en que tomas la decisión de que esa persona será tu cónyuge.

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Y porque, sólo a veces, los seres humanos nos pasamos por el arco del triunfo nuestras promesas y todo vínculo espiritual que tengamos con alguien, incluso cuando esta unión empieza a fallar existen dos barreras básicas para que se procure guardar una unión matrimonial, que también sirven para establecer un antes y un después de La Decisión.

  • La boda: la declaración pública de una supuesta unión (y por consiguiente la humillación pública de un supuesto divorcio)
  • La unión civil: es casi regalado casarte. ¿Pero divorciarte? ni siquiera lo haces en las mismas oficinas.

Si el tal jicotillo me preguntara de qué es ese pilar llamado matrimonio yo diría que está hecho de amor, costumbre, lealtad a tu palabra, presión social, seguridad y el sueño de envejecer juntos y poder presumir los cuarentaymás años de casados. Y ¿quién es ese jicotillo? Tiene varios nombres: mentiras, egoísmo, inmadurez, infidelidad y violencia son algunos.

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