Una nalgada a tiempo

Ayer estuve hablando con mi suegro, quien decía que a veces es necesaria una nalgada, que incluso la Biblia menciona que al necio se le debe corregir de esta manera. Hoy que me desperté por el ruido de una fiesta de los vecinos, ya no me pude dormir otra vez porque me quedé pensando en eso que platicamos. Él ya crió a sus hijos (bien o mal, ya qué) pero hay personas de mi edad que piensan de la misma manera, y no estoy diciendo por eso que sean violentas ni abusivas, pero creo que tal vez no han visto todo el panorama: así los educaron y piensan que es la mejor o única opción. Por eso quise escribir al respecto: por qué la frase “una nalgada a tiempo” no debe ser nuestro lema de crianza.

1. Resolución de conflictos

Los niños aprenden con nuestro ejemplo. Si les enseñamos que nosotros resolvemos nuestros problemas golpeando a la otra persona (porque eso es lo que estás haciendo cuando le das una nalgada), ellos aprenderán a hacer lo mismo. Y entonces qué van a hacer cuando algo les desespere de alguien más: amigos, pareja, los padres mismos. ¿Cómo le dices a tu hijo “no pegues” si tú pegas “cuando es necesario”? Aquí lo que le estás enseñando es que a veces ES necesario.

2. Los niños son inteligentes

A mi suegro le hice la comparación de que antes los hombres tomaban como excusa aceptada que su mujer no se había portado bien y había que corregirla, para pegarle. A lo que el me contestó que era diferente porque (dicho con mis palabras) las mujeres, a diferencia de los niños ya están desarrolladas. Como diciendo que por ya ser una persona madura ya no se les tiene que corregir de esa manera, ¿estaría fuera de lugar no? ¿Y por qué a un ser en crecimiento y desarrollo sí se le puede pegar? ¿por qué en ese caso sí es correcto? ¿al contrario, no? como está en desarrollo debe de recibir el mejor trato y ejemplo para que se convierta en la mejor persona. Como está en desarrollo puede no comprender tus razones para hacerle daño físico, puede no comprender que hay realmente algo que aprender en la situación además de “NO hacer eso”.

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Cuando yo era muy pequeña, aún recuerdo que hacía unos berrinches bastante grandes: me tiraba al piso en el súper, rompía mis libros para colorear cuando algo me desesperaba y aventaba las fichas del juego cuando perdía. Nadie me pegó por eso ¿Cómo lo dejé de hacer? Me di cuenta que lo que hacía era innecesario, grosero y que además yo era la que salía perdiendo pues ya no me divertía en el juego, mis libros de colorear quedaban rotos (duh), y yo era la que me veía ridícula llorando y pataleando en el súper. Así que un día dije: “ya no lo haré más” y entonces tuve que aprender a controlar mis emociones. Los niños maduran, entienden, piensan y sienten como nosotros, pero diferente.

3. Respeto

Volviendo al punto que mencionó mi suegro, además yo digo: el hombre ya no tiene derecho sobre la mujer para corregirla de esta manera, ¿no? Pero es que nadie tiene derecho sobre el cuerpo de nadie para hacerle daño. Si ni siquiera puedes exigir un abrazo o intimidad de tu pareja si no quiere, aún cuando es una “obligación” matrimonial, mucho menos tomar su cuerpo para hacerle daño en aras de un mejor comportamiento. No sé si lo que dice la Biblia acerca de la corrección con azotes para el necio es metafórico o no, pero yo lo tomo como tal, pues uno de los mandamientos más importantes es “amarás a tu prójimo como a ti mismo”, esto es: no hagas lo que no quisieras que te hicieran. Respeto, pues. Todas las personas merecemos respeto. También los niños, aunque no los entendamos y no nos entiendan y se quieran pasar de listos. Por eso tú eres el adulto: porque tú sí sabes respetar. Cuando eres necio, los azotes te los da la vida: Dios reprende de manera justa al necio. Y ahí sí: como padres no nos debemos meter y debemos dejar que los hijos asuman las responsabilidades y consecuencias de sus actos.

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El pediatra español Carlos González dijo en una de sus pláticas: “Si permitimos al Estado que nos prohíba pegarle a nuestro hijo, luego nos va a prohibir pegarle a la esposa… A ver,  ¿acaso nos parece normal pegarle a la esposa, al marido, a un empleado,  a un camarero porque nos atendió mal? No. Porque la gente civilizada no le pega a nadie. Pero pegarle a tu propio hijo, un niño indefenso y vulnerable que depende de ti para que lo protejas ¿sí que te parece normal? …”

A un hijo se le debe de respetar todo lo que quieras que él o ella te respete a ti y todo lo que quieras que él o ella demande respeto de sus posteriores relaciones.

4. Auto-conocimiento y canalización de emociones

En los momentos en los que el niño hace un berrinche, pega, grita o no obedece, sorpresa: es por algo. Si nosotros a veces estamos enojados y no sabemos exactamente por qué, no sabemos qué hacer con ese sentimiento o emoción y sólo hacemos mala cara o nos descargamos con quien se deje, ¿por qué le exigimos al niño que se comporte como el adulto que a veces ni siquiera nosotros somos?

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He leído mucho últimamente sobre la importancia de no decirle al niño “no llores”, si no tratar de explicar de manera verbal sus posibles razones y emociones del momento, y tratar de buscar una solución o distracción si no es muy importante. Lo que se busca con esto es reconocer que lo que siente el niño no es de poca importancia y que vaya reconociendo sus emociones y aprendiendo a verbalizarlas para poder resolver sus problemas de manera positiva.

Si se le pega, lo que se logra es que el niño actúe con base en el temor del castigo y lo único que va a aprender es en no hacer cierta cosa FRENTE a los padres, a reprimir sus emociones y necesidades sin siquiera saber qué son y por qué aparecen (sí! hay adultos que no tienen la capacidad de decir “estoy enojado con esta persona por esta razón”).

5. Autoridad

Si estableces tu autoridad con base en el miedo que puedes producir y en tu fuerza física lo que va a pasar es que cuando crezca y ya no puedas alcanzarlo para darle una nalgada, cuando sea igual o más fuerte que tú o cuando pueda salir sin decirte a donde, entonces perderás el control. Pero si basas tu autoridad en el respeto, eso será para siempre.

No te quejes de que la autoridad (presidentes, policías, jefes) o los que son más fuertes que tú (esposos, hombres musculosos, personas con armas) abusen de su poder para conseguir lo que quieren si tú haces lo mismo con una personita que evidentemente no se puede defender. Si alguien abusa de ti no te pones a pensar “es por mi bien” ¿o sí?

POLICIA ATACA REPORTERA 241012

6. Enojo 

La otra vez, me confieso, le grité a mi hija que tiene apenas 11 meses. No le dije nada feo pero sí fue un grito agresivo. Yo estaba estresada porque iba tarde para la uni y había tirado una caja de cereal que tenía que barrer, y de repente la vi que se había embarrado de popó la mano porque se le salió de su pañal. La agarré rápidamente para limpiarla y cambiarla, pero está en una etapa en que muchas veces no se deja cambiar, se pone a querer dar vueltas, pararse y quejarse cuando intentas que se quede quieta. Yo no quería que se embarrara más y que embarrara todo y me empecé a desesperar porque no me hacía caso y no se quedaba en paz. ¿Ya mencioné que estaba además molesta con mi esposo? entonces hice como un rugido y se me quedó viendo seria, pero luego siguió forcejeando, entonces le grité… no recuerdo qué, sólo sé que fue agresivo e innecesario.

A lo que voy con esto es que como seres humanos los padres nos dejamos a veces llevar por el enojo y la desesperación de no saber cómo hacer las cosas. A veces puede llegar a ser pesado que un niño no entienda que tienes que llegar temprano a un lugar, que no debe hacer algo porque es asqueroso o peligroso. A veces los niños sienten tu humor y responden a éste con una actitud negativa. Y tú en vez de calmarte sólo te desesperas más, cuando en realidad el que está emanando negatividad en primer lugar eres tú.

Otra razón para no pegarle a los hijos es que si bien no lo vas a traumar si lo haces un par de veces, generalmente lo vas a hacer cuando estés desesperado o enojado, y todos sabemos que cuando nos enojamos es difícil controlarnos y tomar las mejores decisiones, se te puede pasar la mano o puedes llegar a hacerlo por una razón que ni siquiera era importante, sólo porque traías la carga de tus propios problemas. Si te das desde un principio el permiso de “si es necesario le doy una nalgada”, entonces lo vas hacer algún día, pero como en el caso de mi arranque que les cuento, no era realmente necesario, más bien era yo la que debía calmarme y ver las cosas como en verdad eran. Recuerda que eres un adulto con mucha más fuerza que el niño y en un arranque realmente puedes hacerle daño.

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7. Puertas de violencia

No es lo mismo el primer beso que el décimo. El décimo se da con facilidad. O el primer tatuaje a los siguientes. Lo mismo pasa con los golpes o cualquier tipo de violencia, entre más lo haces más fácil es volver a hacerlo. Uno mismo se va enseñando que así se arreglan los problemas. Por ejemplo hoy le doy una nalgada a mi hijo y obvio me hará caso después de eso, pero cuando haya alguna otra cosa que “arreglar” me sentiré tentado a darle otra nalgada y así sucesivamente, siempre consigo lo que quiero a base de nalgadas. Así que el punto aquí es: no abras puertas de violencia en tu casa, porque después es difícil cerrarlas. Es más difícil dejar de dar nalgadas que no empezar.

8. Amor

Lo mismo que el respeto, hay que enseñarles de manera práctica a los niños qué es el amor y cómo se expresa. Cuando le pegas a un niño, lo insultas o le gritas constantemente creas un mensaje confuso: te amo pero te hago daño. Esto genera en las personas que no sepan buscar un amor que los respete, y un amor que los haga sentir bien. Osea que el niño no va a aprender a establecer el límite entre amor, broma, daño, abuso, y esto puede provocar dificultades para él en sus relaciones afectivas con amigos y parejas posteriormente.

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9. Hay mejores formas

Las personas que abogan por “una nalgada a tiempo” generalmente, si no es que siempre, han sido criados con nalgadas y/o han criado a sus hijos con nalgadas. Por esta razón piensan que es LA opción para disciplinar a los hijos: por que con ellos funcionó. Pero funcionó de la misma manera que funciona cuando un cualquiera te pone una pistola en frente y te dice que le des todo lo que traes encima. Estas personas no han probado en carne propia lo que es una crianza respetuosa y creen que la mejor o única forma de hacerlo bien es con nalgadas “en el momento necesario”, porque si renuncio al recurso que mis padres utilizaron entonces ¿cómo le voy a hacer para que mi hijo me obedezca y se porte bien?

A mí me llegaron a pegar como 3 veces en mi niñez, de esa forma que no se le cataloga como violencia intrafamiliar si no sólo como el último recurso que tenía mi mamá desesperada por mis pésimos modos. Y es eso muchas veces: el último recurso. O sea que yo estaba tan consentida y tan malcriada que no había otra forma de pararme más que esa. Y sí, definitivamente aprendí que no me podía pasar de ese límite en el que mi mamá había explotado, pero la verdad es que el límite del buen comportamiento y del respeto lo había pasado mucho antes.

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Mi mamá no hubiera sentido la necesidad de pegarme si hubiera puesto límites claros desde un principio y donde debían estar: No se aceptan gritos, insultos o golpes; sí se aceptan sentimientos y diálogo. Pero mi mamá, al menos que yo recuerde, no me decía nada de nada si yo me portaba mal. Es de esas mamás HIPER comprensivas. Y está bien, mi mamá siempre ha sido la mejor mamá para mí y un sostén súper importante en mi vida, pero no porque comprendas a tu hijo vas a darle pie a que se comporte de maneras irrespetuosas contigo o con nadie más. Los niños prueban los límites para saber cómo comportarse dentro de la sociedad, si tú no se los pones, ellos los van a inventar. No hay que esperar hasta que el niño te saque de tus casillas si al final tú como mamá te vas a sentir peor por haberle pegado a tu hijo que él por haberse portado mal.

10. Confianza

Los niños, los adolescentes y toda persona necesita en mayor o menor medida alguien en quien puedan confiar. Saber que alguien te ama, te apoya, te ayuda, te sostiene cuando lo necesitas es muy importante, especialmente en malos momentos. Y cuando aparece una agresión de un padre a un hijo, la confianza se va perdiendo. Esto también pasa cuando aunque no se les pega tampoco se les pela. Los padres estamos para guiar y contener, enseñar con el ejemplo, aceptar y amar.

Por si no te convencí aquí te dejo unas ligas de interés con más razones aún. Recuerda:  “NUNCA hay justificación para pegar a un niño, en ninguna circunstancia.”

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2 comments

    1. Ay amiga te entiendo. Pero no sientas culpa. Perdonate a ti misma y comienza de nuevo. Explicale tus sentimientos y necesidades. Talvez ahorita no lo entienda pero poco a poco. Así abres los canales de comunicación y le enseñas como expresarse. Voy a buscar un libro para recomendarte. Dios te bendiga.

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